La Comunidad de la Pala es un laboratorio de cocreación liderado por el colectivo Arquitectura Expandida. Reúne a colectivos activistas y artistas de los bordes rururbanos de Bogotá para explorar el derecho a la ciudad desde sus conexiones culturales y ecológicas. Se ha celebrado en dos oportunidades, en 2021 y 2024, con la participación de más de treinta grupos — ambientalistas, huerteros, hiphoperos, deportistas, indígenas o de ciencia ciudadana— que celebran la diversidad de lenguajes, ecosistemas y formas de habitar. Su punto de partida es que la sostenibilidad ecológica depende también de la fortaleza social y organizativa que la defiende, pues las amenazas urbanas en los bordes urbano-rurales son profundas.
La edición de 2024, extendida durante diez meses, comenzó con cuatro recorridos liderados por las organizaciones invitadas en torno a dinámicas regionales, amenazas urbanísticas, formas de expresión cultural y relación con otras formas de vida. Las caminatas, que iban acompañadas por banderas blancas que evocaban una paz con el entorno, fueron ejercicios de empatía territorial y recolección de datos —cartográficos, visuales, sonoros— para la creación de obras colectivas.
Durante los meses siguientes se desarrollaron seis laboratorios de cocreación que dieron lugar a distintas obras. Cinco de ellas son una serie audiovisual de datos invisibles (Oculto), un corto de ficción documental sobre memoria y esperanza (Ubanyquy), una pieza de hiphop colectiva (Código egagrópila), un dibujo a grafito que ilustra especies y rituales locales (Reencuentro) y un mapa perceptual sobre agua, amenazas y habitantes no humanos (La Comunidad de la Pala y el Pedazo).
El sexto proyecto, Las Antenas, se convirtió en el símbolo más visible del proceso: estructuras de guadua de seis metros instaladas en los lugares donde los colectivos actúan. Cada antena tiene un diseño singular, adaptado al ecosistema y al uso social del espacio. En el Alto Fucha son espacios de encuentro en un bosque rururbano, en el humedal Chiguasuque funcionan como perchas para aves y lugar de reunión del cabildo muisca de Bosa y en el Parque del Bicho, en Bosa Porvenir, se sitúan como antenas polinizadoras que desafían el diseño hostil de los parques urbanos metropolitanos y proponen espacios de vida ante las violencias. Su replicación en distintos territorios potencia la idea de conectividad ecológica y afectiva entre zonas no contiguas, enlazadas por redes comunitarias y naturales.
El 15 de agosto de 2024, tras una jornada en la huerta Chisas, miembros del colectivo del Bicho fueron víctimas de un ataque armado en el que murieron Camila Ospitia y Camilo Sánchez (también conocido como Mc-Cub). Desde entonces, el proyecto enfocó su energía en sostener a los colectivos afectados, para lo cual se construyeron dispositivos de memoria —letras, mobiliarios y banderas negras—, así como también se analizaron las violencias que atraviesan los movimientos ambientalistas de base: las institucionales y policiales (por acción u omisión), las ejercidas contra la acción colectiva, las violencias ambientales, las que amenazan la integridad física, y la estigmatización social y mediática de los jóvenes de los barrios periféricos.
Estas reflexiones y creaciones se presentaron en una exposición cocurada con Material, un espacio de pensamiento, investigación y prácticas en cultura visual, situado en el centro de Bogotá. Más de cuarenta banderas negras ocuparon la Plaza de Bolívar en un acto de solidaridad y duelo colectivo. La imagen de los cuerpos unidos, mientras cargaban las antenas o marchaban con las banderas, sintetiza el poder performático de los movimientos de base: su capacidad de negociar la ciudad
y producir nuevas escenografías urbanas que instigan narrativas de derechos.
En la edición de 2024 se articularon cuatro territorios de borde urbano-rural de Bogotá: Cerros Orientales (La Juntanza Fucha-Zuque y La Fuchachada), norte (El Parche de la Reserva Van der Hammen y Oculto), Ciudad Bolívar (Cerro Seco Se Defiende y Ojo al Sancocho) y río Bogotá (La comunidad del Bicho, Las Calles del Aguante y el artista Cristian Martínez ). El proyecto recibió apoyo de Institutos Nacionales de Cultura de la Unión Europea (Eunic), la Secretaría de Cultura de Bogotá y el Ministerio de Cultura de Colombia.