El Parque Ecológico Aguaviva es promovido y administrado por el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) de Bogotá. Con una inversión de $ 14 581 millones de pesos colombianos, beneficia a más de 330 000 habitantes de la localidad de Puente Aranda. Surge bajo la visión del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT), orientado a reverdecer la ciudad mediante la revitalización urbana en sectores industriales. La transformación de un antiguo predio industrial en el Parque Ecológico Aguaviva implicó retos ecológicos, urbanos y socioculturales (suelos contaminados, ausencia de condiciones óptimas para la siembra, resignificación de un no lugar y apropiación comunitaria), desafíos que se convirtieron en oportunidades para el diseño, a cargo de JAM Ingeniería, Estudio Continuo y TESELA Taller de Paisaje y Urbanismo, con la participación de la comunidad del barrio Bochica, los huerteros de Puente Aranda y la Alcaldía Local.
Partiendo del concepto de paisaje —entendido como la relación entre espacialidad, percepción y tiempo—, se caracterizó el lugar desde tres dimensiones: ecológica, identificando los elementos y los procesos naturales; urbana, a través de los usos y ocupación del suelo; y social, mediante las comunidades y sus formas de habitar el territorio. De este análisis se definieron cinco periodos históricos marcados por la presencia del agua como elemento estructurante: a) lacustre (30 000 a. C. – 1500 a. C.), b) anfibio con ocupación muisca (1500 a. C. – 1600 d. C.), c) agrícola-colonial (1600-1950), d) industrial-residencial (1950-2022) y e) residencial-ambiental (2022 – en adelante).
La estrategia central del proyecto, que se denomina Resignificación Social del Territorio, busca potenciar la educación ambiental y la identidad cultural mediante componentes urbanos y paisajísticos que visibilizan los procesos ecológicos —con el agua como protagonista— y fortalecen la cohesión social, el disfrute y la conexión con la memoria del lugar. Bajo esta idea se diseñaron cinco escenarios o aulas ambientales que articulan los periodos históricos con las fases del ciclo hidrológico, inmersos en jardines temáticos:
- Bogotá Lacustre: humedal artificial – infiltración – jardín de agua
- Época Muisca: camellones muiscas – escorrentía – jardín polinizador
- Agricultura Occidental: huerta urbana – precipitación – jardín comunitario
- Época Industrial-Residencial: estructura industrial – evaporación – jardín xerófilo
- Bogotá en Perspectiva: atrapanieblas – condensación – jardín de gramíneas
Estos escenarios se conectan con un sendero interpretativo que facilita el recorrido y la lectura ambiental del parque. Se complementan con 2 070 m2 de coberturas y 148 árboles nativos multiestrato y multiespecie que, junto con hoteles de insectos y perchas ecológicas, generan refugio, alimento y conectividad ecosistémica; mientras que la huerta urbana fortalece el tejido social, la organización comunitaria y el trabajo colectivo. Además, se implementaron cinco tipologías de sistemas urbanos de drenaje sostenible (zonas de biorretención, tanques de almacenamiento, pondaje, cunetas verdes y zanjas de infiltración), que permiten que haya caudal cero en un evento de lluvia pico.
Con la premisa de diluir los límites, los andenes integran la circulación y la permanencia, lo que genera un borde activo que articula el entorno urbano con el espacio ecológico interior. Las plazoletas multifunción sirven como accesos y puntos de encuentro, están conectadas por un sendero en asfalto que evoca el pasado industrial y permite actividades como patinaje o baloncesto recreativo. Para diversificar el uso comunitario, la oferta se amplía con zonas de recreación activa no invasiva.
Guardando coherencia con el concepto, se decidió construir el parque sobre la placa de asfalto existente y reutilizar las más de 8 000 toneladas de escombro, producto de la demolición de las edificaciones — que se destinaron al moldeo del terreno y la conformación de los gaviones—, con lo cual se minimiza la huella de carbono y se promueve la economía circular. Enmarcado en los lineamientos de ecourbanismo y soluciones basadas en la naturaleza, el Parque obtuvo el sello Bogotá Construcción Sostenible y es reconocido como el segundo Parque Carbono Neutro de la ciudad.